Es verte y recordar nuestro juego. Ese, que no tiene regla alguna, ni tampoco pérdidas ni ganancias. Ese juego en el que uno tira y el otro afloja, pero nunca acabamos por tirar a la misma vez. Quizá porque no fue el momento, quizá porque aunque la pasión sea la que debe llevar nuestras vidas (como dice un sobre de azúcar, uno de los dos) no nos acabamos por arriesgar nunca a darlo todo. Y mientras tanto, pasan los años y las sonrisas al vernos son más grandes que el primer día y los abrazos más fuertes. Pero el juego sigue en pie, tú tirarás cuando yo afloje, y si ahora tiro un poco tú harás ver que sueltas la cuerda levemente.