Recuerdo aquella tarde de verano, era el dia 2 de Agosto de 2014, vísperas del cumpleaños de mi jefe. Estaba muy ilusionada cuando quedaban pocos minutos para que fueran las doce la noche y poder ser la primera en felicitarle, en darle ese libro que había elegido con tanto esmero y que me había interesado tanto que hasta me costaba parte de mi avaricia dárselo. Tenia varias mesas ocupadas, como cada noche sobre esa hora, hacia calor y era una noche bonita, como la gran mayoría de ellas en Benidorm durante el verano. Un calor sofocante para el que trabaja y agradable para el que pasea.
Las manillas del reloj se acercaban cada vez más y por fin eran las 00:01 cuando fui a felicitar a aquel hombre de barriga grande y corazón aún más enorme, él y su típica apatía con la que rechazó mi regalo provocó que las lágrimas de frustración corriesen por las mejillas sin vergüenza de que media calle me observase. "Oh, mira, la camarera guapa está llorando", si señores, quería haberles dicho, no solo sabemos sonreír y servirles mientras ustedes nunca saben qué pedir o discuten o incluso me miran mal por haber tomado nota de que al final la ensalada la deseaban sin tomate y no con él, como habían dicho las cinco primeras veces. Y entonces, tras las lágrimas y el paseo que tanto necesitaba para relajarme, oí que me llamaban desde mi derecha, un chico de sonrisa simpática y ojos marrones, una camiseta blanca y pantalones cortos, acompañado de dos amigos, los tres que se habían sentado y no querían ensalada porque "lo verde era para las vacas" y ellos "eran asturianos y querían comer bien". Me acerqué a atenderles y me dice "eh, no sé si sabías que a los tres nos gustas más sonriendo, estás más guapa. ¿Estás bien?", no pude evitar sacudir la cabeza sonriendo, me sonrojé, asi que más tarde sin siquiera pensármelo mucho le acabé dando mi teléfono y él apuntaba con una mirada dubitativa y la sonrisa en los labios de "¿realmente es tu número y hablaremos?.
No mentiría si dijera que negué verle durante toda una semana, alargando el momento, quizás sin querer verle del todo cuando veía a mi pareja y el remordimiento por haber dado mi número aparecía con cada mensaje. Pero tuvo que pasar por aquella estrecha calle de nuevo y el corazón se me paró por un par de segundos y la pregunta de "¿esta noche nos vemos? Mañana nos vamos." me hizo olvidar todo, solo tener la certeza de que la cerveza con limón estaría muy bien a las 2 de la madrugada.
No recuerdo mucho la conversación de aquellas horas tomando cervezas, cañas y hablando de perros, de canciones y trabajos. Sólo recuerdo que su mirada y la mia se cruzaban cada poco, que nuestras manos se acariciaron sin querer... Sin querer evitarlo, y que ir en coche a casa por el camino más largo fue lo más bonito que me había propuesto alguien en meses, que sus labios al rozar los míos parecían haber estado moldeados para estar así, que la pasión que hizo empañar los cristales de un coche en verano se había alimentado en dos días, y el deseo de volver a verse fue incrementando a lo largo de los siguientes 250. Hasta casi olvidar que un día nos prometimos en un coche que estaríamos juntos, que él sería mío y yo suya, y que no era un simple beso de una camarera y un turista, sino el comienzo de la historia de amor más bonita.
Hasta el 2 de Abril del 2015.
No hay comentarios:
Publicar un comentario