miércoles, 18 de marzo de 2015

En desorden, lo que quiero.

Sólo perderme en unos ojos que me miren cada día como el primero, y los vea únicos. Que no encuentre los defectos en ellos, en su sonrisa, en la forma en la que anda, en no encontrarle manías o sí y amarlas como amé las de alguien en el pasado. Contarle todo y que sin contarle nada sepa hasta mis tramas secretas. Que me abrace y me haga sentir que no necesito nada más, que el chiste seamos nosotros, que la película sea de miedo o de suspense,pero que el final lo quitemos porque odiamos los finales. Que escribamos puntos suspensivos y puntos y comas aunque no suene bonito el poema . Que decir "te quiero" sea nuestra canción favorita acompañada de besos matutinos, el olor a tostadas y café. Que el sexo sea porno, sea hacer el amor, que sea mirarse a los ojos y entrelazar las manos, poner la piel de gallina con un gesto. Y prometerse cosas de enamorados que en realidad siempre tienen algo de mentira. Aprender a ser nosotros. A divertirnos con amigos suyos, mios, o hacer nuevos. Cogerle de la mano orgullosa de que cada mañana siga amando al idiota que tenga a mi lado. Que no termine en 365 dias, ni en 700, que dure. Que descubramos mundos que sean bajo las sábanas, en videojuegos, la ciudad en la que hemos vivido toda la vida, y otras. Cocinar juntos.Equivocarnos. Discutir y acabar solucionandolo a besos y con sonrisas timidas. Salir a hacer deporte. Derribar sueños imposibles. Construir muchos otros. Pasar los domingos de manta haciendo maratones de peliculas o series que quizás ya hayamos visto mil veces pero sentimos la necesidad de compartir con el otro. Echarnos de menos cuando no nos veamos. Ser el "tengo pareja, lo siento" cortés que responder a alguien que sabes que jamás le superará ni se acercará siquiera.
Pero en definitiva, perderme y no querer encontrarme más que con él.

miércoles, 4 de marzo de 2015

"La historia más corta jamás vivida"

Él creía que amar debía ser como un terremoto, un vuelco del corazón, un suspiro rápido. Ella hacía mucho que no suspiraba, y lo deseaba por encima de todo. Así que buscando entre sensaciones guardadas en cajones que hacía mucho que no removían, decidieron a la par que al día siguiente se enamorarían. 
Un domingo parecía ser la mejor idea. Se enamorarían un domingo en el que el amor pasaría desde el saludo en un beso largo, por una pizza pedida a domicilio que acompañaría a una película, que acabase siendo interrumpida por caricias que desembocarian en besos en el cuello, en manos bajo la camiseta, en ropa que cae lentamente y finalmente, en hacer el amor olvidando el tiempo. Dormir abrazados abatidos tras el sexo, y una ducha romántica donde se enjabonan el uno al otro y se dan besos bajo el agua caliente diciéndose lo mucho que se aman. A la noche ella con su camisa por casa, juntos cocinan de cenar, se manchan el uno al otro, hacen de la cocina un juego en el que cada fallo y cada premio es un beso, donde todo es una excusa para sonreír. Cenar saboreando lo que quizás no esté tan bueno, bromear, hacer planes de futuro de mejorar la casa, y dar un paseo nocturno al lado de la playa, hacer carreras en la arena mientras la ciudad duerme. Beber en un pub juntos y cantar canciones con borrachos que jamás habían visto y que por una vez se convierten en sus mejores amigos. Olvidar lo que pasa desde cierto momento de la noche hasta la mañana en la que él se levanta sin ella, o ella sin él en su cama. Y entonces cada uno suspira. Es lunes, un nuevo día.