jueves, 23 de julio de 2015

Amarillo, que te quiero amarillo.

"¿Cómo sabes que lo que estás viendo es el color amarillo si antes nunca lo viste?" te he preguntado hoy con la única finalidad de picarte, para que me respondas cómo sabías que me amabas. Es un juego que es eterno, buscamos cada día una manera de sobrecoger al otro a kilometros de distancia, y que el corazón no olvide que esos ojos son reales, la forma perfecta en la que nuestras manos se unen, y cómo son los besos dulces y los apasionados.
Creo que te das cuenta que amas a una persona cuando simplemente no te imaginas la vida sin ella, te puedes imaginar meses separados, a miles de kilometros si las circunstancias lo precisan, y asimilas que pueden existir miles de motivos que os pueden hacer reñir, pero sabes, sientes, que en el fondo nada de lo que exista o pueda existir es lo suficientemente fuerte como para evitar que al final, al final de todas las tempestades, acabeis juntos. Te das cuenta que amas a una persona cuando tu vida ya no es "tu vida" es "vuestra vida" de forma automática, sin más, sin planteartelo, de repente te sale solo poner dos tazas de colacao, o quizás simplemente se te escape un "nuestro coche". Y ya está, ahí lo siento mucho, pero ya has caído de lleno.
Sea como sea, quizás te hayas podido imaginar el color amarillo de muchas maneras, pero cuando amas por primera vez lo sabes con seguridad. Se convierte en el motor que impulsa el 90% de tus acciones y el 99% de tus pensamientos.  Hasta el punto en el que pensabas escribir una entrada en tu blog sobre las amistades y acabas pues... Pues como yo, que tu sonrisa - esa que no escapa de mi mente- me hace escribir cada palabra sobre ti de forma inconsciente.



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