Tu y yo fuimos el mundo entero, y no, no le tuvimos miedo a nada, pero deberiamos haberlo tenido, porque nadie era capaz de romper esto menos nosotros dos. Y ahora, como el jarrón que está roto, no puedes pegar las piezas a la perfección sin que se vislumbren aquellos daños.
Gracias por ser el protagonista de mis días más felices, y ser la causa de mis mayores sonrisas.
Te quiero.
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