Malditas agujas. Avanzan de forma endemoniadamente lenta, como si el maestro relojero hubiese olvidado adaptarlas a un ritmo de vida rápido, normal.
Lo que me rodea parece avanzar de una forma totalmente independiente a ellas,como si negasen que llegue el momento en que vea tu rostro. Y sé con total certeza que en el momento justo en que tus ojos se fijen en mi, las horas se convertirán en minutos, y los minutos en míseros segundos. Las risas quedarán ahogadas por fuertes campanadas y los besos interrumpidos a causa de trenes que no esperan. Luego llegarán esos mensajen que acompañan la vuelta a casa, y justo cuando cierras los ojos para recordar una de esas risas y un dulce beso, las agujas volverán a su lento ritmo, y nuevamente las comenzaré a odiar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario