Y, si pudiera, las manillas girarían en sentido contrario, para poder sentir el roce cálido de tus labios con los mios. Regresaría al lugar donde comenzó todo y, a pesar de la música estridente, te susurraría que me encantas, que me perdería entre esa comisura de los labios, que me perdería en las verdes lagunas de tus ojos escuchando lo fascinante de tus historias, me enamorararía de cada uno de tus gestos, y guardaría en la memoría cada una de tus risas.
Pero las manillas siguen girando en el mismo sentido, el roce se ha enfriado, el silencio reina y grita demasiado.
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