martes, 7 de abril de 2015

El corazón en liquidación para el que pueda pagar las deudas de promesas incumplidas.

Y el transcurso de los meses parece que no cesa, que los minutos pasan uno tras otro sin tener vergüenza de arrebatarte los recuerdos poco a poco, como si fuesen pequeños ladrones o quizás pequeños reyes magos que te regalan un poco de olvido, un poco de indiferencia y madurez.

El tiempo transcurre y nosotros fluimos con él. Exámenes, nuevas amistades, barbacoas, y noches de fiesta, lios esporádicos, ilusiones tontas con personas ingratas, ilusiones y sueños nuevos con viajes, con trabajos, con tonterías diarias, cosas que ya no compartimos en voz alta por las noches en la cama.

Y es que parece que fue hace nada cuando pronuncié un "adiós", y ya ha pasado un cuarto del tiempo que pasamos juntos. Y ya no duele, tan solo es un recuerdo que se torna borroso con el alcohol de las noches, con las miradas de las personas que nos cruzamos a diario, con las risas que nos roban otros, con el estrés diario de llegar a tiempo a todo: a poner a hervir el agua, a estudiar economia, a no perder el bus de cada mañana; y quizás el latido acelerado al ver el hoyuelo de una persona.

Y es que el tiempo transcurre y nosotros nos alejamos de lo que fuimos, juntos o por si solos, el corazón más duro, la amistad más vivida, la sonrisa más ligera, y el amor cerrado por reformas o en liquidación para quien pueda pagar la deuda de las promesas que no nos cumplimos.

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